En nuestros años de juventud, a menudo adoptamos una actitud casi autodestructiva, creando una ilusión de pasión, con la esperanza de ocupar la posición moral más alta en el campo de batalla del amor. Lo que buscamos es una satisfacción y seguridad distorsionadas, y esta búsqueda a menudo nos lleva a una ilusión: creemos que nuestras acciones son la expresión más romántica y heroica del amor. Como estar de pie bajo la casa de nuestro amante en una noche nevada, o arriesgarnos a la lluvia para llevarle un té con leche, estas acciones nos parecen hazañas heroicas como las de Gao Qiu luchando en Xueyan Hall o Guan Yu cabalgando solo miles de kilómetros. Sin embargo, a los ojos de la otra persona, ese té con leche no es más que eso, y no puede soportar la profundidad y la pasión que queremos depositar en él.
En la adolescencia, siempre nos apresuramos a expresar todo nuestro amor, pero a menudo sin darnos cuenta nos encontramos en una actuación. Por lo tanto, puede haber discrepancias en los recuerdos de ambas partes: esos momentos que creemos inolvidables pueden no dejar ninguna impresión en el otro. Esta discrepancia en los recuerdos es una realidad a la que debemos enfrentar y aceptar durante el proceso de crecimiento. La señal de un verdadero crecimiento radica en aprender a contenerse: controlar nuestras emociones, controlar el impulso de actuar, e incluso controlar nuestros sentimientos hacia alguien.
La adolescencia es una etapa en la que a menudo deseamos que la persona que nos gusta se convierta en una parte de nosotros mismos, y cualquier signo de incomodidad por parte de la otra persona puede tocar nuestras cuerdas más sensibles, haciéndonos sentir más fríos o tristes que ellos. Esta proyección emocional excesiva no solo no ayuda al verdadero desarrollo del amor, sino que puede convertirse en una carga. Esto se debe a que nadie puede asumir todos los sentimientos y expectativas de valor de otra persona. El verdadero amor surge de la atracción y los intereses compartidos entre dos individuos independientes y valiosos, y no de la persecución unilateral, la dependencia o la autocompasión.
Tenemos que aprender a ser personas independientes y valiosas. En este proceso, entenderemos que cambiar a otra persona es inútil, y lo único que podemos hacer es convertirnos en mejores versiones de nosotros mismos. La esencia del amor no radica en las grandiosas acciones que hagas por tu pareja, sino en la capacidad de crecer y avanzar juntos, sobre la base del respeto y la comprensión mutuos.
Entonces, cuando miramos hacia el pasado, podemos considerar esos "logros" hechos por amor desde una perspectiva diferente. Son marcas de nuestro camino de crecimiento, que nos recuerdan cuán sinceramente amamos en el pasado. Sin embargo, también debemos darnos cuenta de que el verdadero amor es más bien una fuerza tranquila y profunda, que no se preocupa por la ostentación, sino por la comprensión y el apoyo mutuos del alma. Cuando aprendemos a amar de esta manera, realmente podemos dejar de consumirnos a nosotros mismos y amar y ser amados de una manera más saludable y madura.














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